El buscador.
Darío Valenzuela es profesor de filosofía y prácticas del lenguaje, tiene dos libros de poemas publicados y hace dos años organiza en las escuelas Don Bosco y Pompeya lo que se conoce como los Cafés Literarios, donde los estudiantes entran en contacto con autores y escritores en carrera. Este Jueves en el colegio Don Bosco, en el turno mañana llega el cuarto Café. Pero insiste que estos Cafés literarios no son más que la re significación de lo que hizo toda su vida: buscar. Por lo que para comprenderlos no pueden estar separados de su historia personal.
“Valenzuela, usted es un durazno” Decía un profesor de matemáticas a un chico morochito con rasgos aborígenes, criado en una familia humilde a orillas del río Paraná, en la antiguo villa Pulmón. Este conflicto generado en la escuela primaria, lo acompañaría en toda su vida escolar, hasta volver a manifestarse en el tercer año de la escuela secundaria, de una escuela técnica secundaria, porque para un hijo de obrero venido de la selva chaqueña, nieto de un cacique Toba, por aquellos años, las instituciones y todo su discurso decían que sólo podía también se obrero y por tanto ir a una escuela técnica. Ese conflicto sin resolver, hizo que Darío deje la secundaria y salga a la vida, llevando a cabo una acción que lo marcará para siempre, porque se transformará en su filosofía cotidiana: la búsqueda.
5 trabajos en Rosario.
Se irá a vivir durante un año a Gálvez a la casa de un tío de profesión albañil, viajará todos los días a Rosario donde tendrá cinco trabajos: venderá estampitas, limpiará vidrios en una galería, trabajará en el taller de un artesano, de mozo, de auxiliar de cocina y los fines de semana de ayudante de albañil con su tío. Pero una noche Darío mirará sus manos cansada, y luego hacia el costado y verá que tiene ropa buena, buenas zapatillas, y se preguntará al precio de qué, de perder la vida se dirá. No le alcanzaba, había algo más. Volverá entonces a San Nicolás, y a la iglesia Pompeya, donde antes de irse asistía. Uno de los tantos motivos que lo empuja a irse a Gálvez es la venida del padre Marcelo Iturbe, con el cual estaba en desacuerdo en cuestiones de metodología: “el padre anterior nos daba todo, Marcelo no hacía que nos lo ganemos, cuando volví entendí que no estaba tan equivocado. El padre Marcelo pasará a ser uno de los grandes referentes espirituales de mi vida”. Pero otra vez los cortes y quebradas de la vida llegan a la puerta del joven: El servicio militar en Punta Alta, Bahía Blanca, sección Infantería de Marina.
El Servicio militar.
Diario recuerda que tuvo muchos enfrentamientos con los militares debido al trato que daban a los soldados. Fue víctima de malos tratos y de motes. A él lo llamaban Abrahán y a otro soldado de origen judío, Moises. “Todas las mañanas nos despertaban a mí y a esto otro muchacho para que los hagamos rezar a los demás soldados. Sumado a esto, siempre resistíamos con mucha calma todas las agresiones, incluso recudo una vez cuando un Guardia de Marina, de la nada me puso una pistola en la cabeza y me dijo: qué pasa si yo lo mato acá. Yo le contesté que si me mataba yo lo iba a perdonar, pero que le iba a ser difícil a él perdonarse por cargar una muerte en vano. El guardia bajó la pistola y me dijo, siga así soldado defendiendo esos valores. Entonces con el tiempo nos sacaban del campo de batalla y nos ponían a tomar mates, sobretodo un militar que era descendiente de judíos. Esto lo cuento para que veas como la palabra nos cuidó en este caso la de Dios, pero nos cuidó la palabra.”
Cuando Valenzuela viene de visita a San Nicolás, se llega hasta la iglesia y hace una misión a Tortuguitas. Ahí se dará cuenta que la experiencia del servicio militar lo han puesto en una posición de una especia de guía espiritual o líder. Entonces ya en otras salidas del servicio no vuelve a la ciudad sino que decide convocar a una misión al pueblo de Punta Alta. Una misión que coincidirá con su último día de servicio militar. Y así fue, cuatro cuadras de gente se congregó en torno a la voluntad del joven, lo acompañar un día caminando hasta una ciudad cercana, pero después Darío continuaría caminando 39 días más hasta Lujan “llevaba una mochila cocida con tela de vaquero con 1000 estampitas y una imagen de la virgen en la mano.
El seminario.
Después de tamaña Darío decide entrar al seminario. Donde estará cuatro años, pero finalmente abandonará porque no quería renunciar a tener una familia. Darío pide los ojos en un rincón del cuarto donde nos encontramos y recuerda que cuando va a hablar con el padre Marcelo primero se larga a llorar y le dice su deseo, y que este muy comprensivo le dice que no se haga prueba, que si destino era una familia, era ahí donde se tenía que dirigir. “Igualmente el seminario me ayudo a descubrir la gran vocación de mi vida, la docencia, y ciencias como la filosofía y la teología, y como en una oportunidad había conversado con Jorge Noro que era mi profesor en el Seminario, decidí comenzar el profesorado”
La docencia.
Darío se anota en el profesora del Instituto Superior N° 127 y comienza tres profesorados a la vez mientras trabaja de Jardinero, de pintor y limpia la parroquia del Pompeya donde vive y donde un día llamará a su puerta la que será su esposa. Además de ese hecho Darío recuerda otra anécdota con un brillo pícaro en los ojos. “recuerdo que una vez estaba entrado de noche a la iglesia y cuatro feligreses, de los que hoy soy muy amigo, me llamaron a la policía….claro yo era un morochito que nunca habían visto” Darío termina recibiéndose de profesor de Filosofía y más tarde de Prácticas del lenguaje.
Los cafés Literario.
“Los cafés literarios también surgen de una carencia, yo estaba en este Colegio (el Don Bosco) dando Ciencia Sociales y me di cuenta que los chicos tenían muchas dificultades en la interpretación de textos, en las técnicas de lectura. Entonces cuando yo había terminado ya el profesorado de Literatura y pude tomar las horas de Lengua, comencé con esta idea de los Cafés Literarios y de generar espacio de lectura en el aula, de actores locales. Entonces el por qué de los Cafés Literarios termina siendo el despertar el interés por la búsqueda en los chicos, y en recuperar la palabras, porque la palabra, al igual que a mí en el clavario del servicio militar, en cierta forma te cuida, te vuelve dios, y te hace dueño de sí mismo, cuando uno toma la palabra ya no es tan vulnerable a las cosas de la vida. El hombre para poder ser necesita buscar, pero siempre se busca en el otro, yo me siento cerca de este gobierno por ese motivo, no recuerdo quién fue que dijo que la presidenta había buscado en los ojos de la gente primero, para después hacer los eslogan políticos. Entonces estos Cafés tienen ese objetivo, buscar y recuperar la palabra para que los jóvenes puedan descubrirse en los otros y mientras se descubren. Yo busqué, busqué y busqué y cerré finalmente aquello de “Valenzuela usted es un durazno” con el título de mi primer libro de poemas: El árbol dormido, es decir años y años después”
J.LP.A

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