| Esplendor y éxtasis en la poesía de Rodríguez Francia | ||
Cuatro libros de formato pequeño pero de fervorosa sensibilidad poética, conforman la entrega reciente de Ana María Rodríguez Francia al vasto panorama que la poesía ofrece hoy en día. “Hay en cada poemario una suma de detalles significativos que acceden a su intimidad”, sostiene el autor del comentario.Por Miguel Julio Perret Elevación de vísperas, Cantigas de enamorada, De la noche, el deseo y los fantasmas, y Los Peregrinajes, justifican las vivencias y registros de un alma orientada hacia la luz que potencia la sugerencia de las imágenes por un acertado equilibrio en la captación de los instantes de éxtasis, para crear climas y provocar asociaciones al servicio de un estilo de amplio alcance. Tras una visión que enardece el ojo del corazón sin prescindir de una contemplación que el ojo físico hace evidente ya que el intenso resplandor del alma enamorada nos remite a una interioridad que deja en suspenso el mundo que nos rodea. Los versos de cada poema están repletos de efluvios y señales que albergan una decidida apertura a los bienes del espíritu, una facultad vinculada con el proceso creativo de Ana María Rodríguez Francia, más allá de una experiencia que encierra la enigmática providencia del pensamiento. Su mirada ejerce un fulgor exquisito engarzado por un ímpetu elegante, radioso, de una concepción melódica según palabras de tersas huellas líricas con un pulso atento al sentimiento sin caer en estereotipos que limiten los matices expresivos. Hilvana un meticuloso repertorio sensorial que enriquece la índole perceptiva de sus pasos al configurar epifanías de corte celebratorio bajo la extrema sensación de compartir el universo con la calidez de lo accesible. Con infalible trazo, hay en cada poemario una suma de detalles significativos que acceden a su intimidad y los desgrana para demostrar la azarosa travesía de la vida en comunión con una espiritualidad restallante. El peso de los silencios es otro hallazgo imposible de callar que marcan una contención expresiva de los momentos de reflexión para demostrar que la fragilidad humana es un dilema nostálgico que le agrega esplendor poético al producto artístico, por lo que cualquier objeción subjetiva desvirtuaría el esfuerzo de comunicación que su escritura implica, una correspondencia entre los términos que la componen a través de un sentido semioculto que los conecta, teniendo en cuenta que no se trata de una memoria lineal (por cuanto el contenido de los cuatro poemarios data de distintas épocas) porque la poeta se sumerge y reaparece con nuevos bríos; no en vano un acento paradigmático subyace en el intenso caudal intelectual que los destellos del alma imprimen. Elevación de vísperas Una línea de previsible continuidad nos dice que la belleza formal y el contenido emocional están en el trasfondo conceptual de cada composición, con lo que se alcanzan transfiguraciones que aparecen como meditados acercamientos de sensible elaboración, por lo que se evitan, a todo trance, intromisiones ficticias para proclamar la apoteosis del sentido y abismarse en las entrañas de una revelación abarcadora: “Hoy quiero agradecerte, Madre mía/tu fervor/tu cuidado, tu bonanza/me envolviste en tu aroma de esperanza/me trajiste la paz y la alegría”. Son sesenta y tantos sonetos en un itinerario perceptivo tan extenso como intenso que plantean la experiencia espiritual y su capacidad de exploración de los resortes estéticos que convergen en la imbricación de búsquedas de un nuevo estadio de interpelación del lector más avezado, habida cuenta del carácter propiciatorio de su obra para introducirnos en un permanente goce: “Yo te adoro, Señor, mi humilde intento/es mantenerme pura en tu presencia/donde clama por tí mi sentimiento/Tu semblante, un cantar en alborada/Tu persona, el sostén de mi persona”. Cantigas de enamorada Una referencia ocasional nos lleva a nombrar al monumental cancionero (en lengua gallega, siglo XIII) Cantigas de Santa María del Rey Sabio, atraído por la versística árabe que trata de los milagros y ensalzamiento de la Virgen María, tema de amplia difusión en la Edad Media. Ana María, influida, probablemente, por la poesía provenzal, de la lírica culta española, con la variante de que ya no se trata solo de la Virgen María sino al Señor de Nazareth, al Espíritu de Dios, a la Doncella Señora del Adviento/Señora del amor y de la Pascua; por otra parte en estas Cantigas de enamorada, los artificios no cuentan y son reemplazados por un entramado resolutivo cuyas imágenes pueden entreverse en el punto límite sin la amenaza de la disolución, porque busca la relación con el asedio de la escritura frente al “destello inalterable/todo voz y esplendor, cirio extrañable/Señor, que los embates/la lágrima ilusoria/me llevan a los lares de tu gloria/Ahora que tus ojos me han llamado/me postro sobre el polvo y la ceniza”. La poesía religiosa de Ana María no es atendible como atravesar el vacìo y salió ileso, por el contrario, es el eje de una acometida constante de lo que el creyente percibe y no hay impedimento para volverlo a cruzar. De la noche, los deseos y los fantasmas Edición bilingüe en la lengua de Dante traducido por la autora con la supervisión y colaboración de E. Balestra y María Belén Rath, denota que solo el poema es el encargado de susurrar la potencia de las palabras como signo inicial donde confluyen lo real y lo imaginario, la ensoñación y la memoria, sus delicadas constancias y su misterioso tránsito por lo que tal vez todos estén de acuerdo en que el lenguaje poético es el que da las grandes respuestas, acaso por un hechizo que sondea las fases del alma: “Ella lo sabe/porque sus ojos son el mar/Tampoco elegí el mar/ni esta irreverencia de ánfora en cuclillas/abierta hacia el óceano/que invade y abandona/respirando misterio”. Sin duda son versos que intentan la reconquista de la inocencia aunque hayamos ejercitado el olvido para acordarnos de nosotros mismos. A veces pensamos sin pensar parecería decir Ana María porque la pureza originaria puede recuperarse algún día mediante el instinto genésico de redimirse por el verso mismo. Los peregrinajes Conta de dos partes, Cantos en el Paraná y Los Peregrinajes. El imaginario de la autora no se refiere a cantar historias para entretenerse (en una peregrinación o aislados por una epidemia, recordamos los entretelones de los Cuentos de Canterbury, de Chaucer o en el Decamerón de Bocaccio), la idea de poner en verso los fragmentos del universo personal desmantela y vuelve a promover un discurso poético aleatorio. La voz sigilosa se desliza lejos de cualquier estridencia, desactiva la problemática bajando de tono, dando lugar a la irrupción de un humor sutil que desdeña la conmiseración y el fatalismo. Son poemas en los que se reconoce una filiación a la experiencai de cierto matiz profano con distintas modulaciones no por ello discordantes con una efusión sentimental de marco recortado e irregularidad en el plano compositivo: “y miré mi rostro en las ventanas sin cortinas y sin ojos mi corazón llevaba tantos auroras como el mundo un hombre dos tres ochenta muchos hombres estaban en la esquina bordeando los cordones fui a caer en un espejo hecho añicos al lado del sol que se moría” Estos versos del poema Sin retorno, de aparente simplicidad por el contraste entre una serie de sustantivos y unos pocos adjetivos, marcan una tensión permanente que apuntalan un depurado montaje. Lejos de destemplanzas y desplazamientos inoperantes, el estilo de Ana María persigue un refinado tecnicismo que se presta a poner en juego las metamorfosis fugaces y el vinculante reconocimiento de las sensaciones.- fuente: DIARIO EL NORTE - SAN NICOLAS -http://www.diarioelnorte.com.ar/noticia.aspx?IdNoticia=114025 | ||
sábado, 21 de mayo de 2011
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Cuatro libros de formato pequeño pero de fervorosa sensibilidad poética, conforman la entrega reciente de Ana María Rodríguez Francia al vasto panorama que la poesía ofrece hoy en día. “Hay en cada poemario una suma de detalles significativos que acceden a su intimidad”, sostiene el autor del comentario.
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