Puesto de manifiesto.
(Primer reporte sobre la vida de Juguetes Perdidos, que es como decir del señor Gigantáfora)
De una secreta conjunción (que nada tiene que ver con las chispas divinas) nace esto que se dio por llamar Juguetes Perdidos. No sabemos bien quienes somos, ni como nos conocimos, lo que sabemos es que existe un señor que se hace llamar Gigantáfora, el cual se adjudica el nombre del grupo y que le debemos la vida. En un principio creímos que Gigantáfora era alguno de nosotros, pero una mañana en la que estábamos congregados, sucedió la revelación: por debajo de la puerta deslizó una carta que dejaba ver la siguiente firma “Los saluda atentamente el seño Gigantáfora”.
Nos sabemos mucho sobre él, diría que casi nada, sólo que es un señor mucho más importante que nosotros y que cada vez que nos escribe, nos escribe sentado desde un lujoso hotel (aunque sospechamos que en verdad es un sucio y pervertido poeta parecido a un duende), suele reírse de nosotros, y con cierta lucidez y escozor confiesa haber estado hace tiempo esperando este momento. ¿Somos sólo escoria para usted? le preguntamos, y al llegar la carta de contestación totalmente en blanco, a esta altura de las cosas, no hacemos más que afirmarlo.
De vez en cuando nos envía sutiles señales implícitas, por las cuales nos hace saber que un montón de escombros hacen una pared, que no se puede vivir en una sanguchera de vidrio, que vivimos fatalmente en el siglo del algodón, que la guita no tapa agujeros, que vivir cuesta vida. Como se darán cuenta, esto no hizo más que confundirnos, pero de tanto mover los escombros saltó la laucha: el papel se muerde sólo hasta la mitad, sino la tinta empacha y produce una suerte de hilaridad estúpida. Y aquí nos tienen entonces, simples comensales de una fiesta a la que nunca asistiremos, (eso es sabido y puesto de manifiesto) sabiendo que una mosca con la misma liviandad, vuelta del pan hasta la mierda.
Con respecto a este señor, nunca más tuvimos noticias de él, están los que creen haber leído su nombre en alguna página de un diario, están los que dicen haberlo escuchado enrredarse en historias de mafiosos, de artistas, de bandoleros.
Lo que nos importa a nosotros es que él existe gracias a nosotros, y que nosotros le debemos nada más y nada menos que la vida, y que por tanto no haremos otra cosa que recompensarlo. ¿Cómo se preguntarán usted? Bueno, Gigantáfora no es boludo, sabe que eso, es lo mejor que sabemos hacer.

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